“El Taller de Susana”, un refugio para los chicos

Desde hace más de veinticinco años, “El Taller de Susana” viene construyendo un espacio de contención y aprendizaje para los chicos.

En Palermo existe un refugio para aquellos chicos que deciden hacer el Curso de Ingreso al Nacional Buenos Aires, al Carlos Pellegrini o al I.L.S.E.. En el Taller de Susana, “curso” no es sinónimo de “suplicio”, y allí todos encuentran un lugar donde pueden aprender y, también, divertirse. La idea es compartir junto a profes, chicos y padres un lugar de contención.

“¿Cuántas veces nos habrá pasado que al ingresar a un nuevo trabajo o a un ámbito diferente al habitual, no sabíamos qué decir, con quién hablar, qué hacer, o hasta teníamos ganas de salir corriendo? Estas son algunas de las cosas por las que están atravesando los chicos.” -dice Susana Beraldo, docente, Licenciada en Psicología y Directora del Taller.
Este proyecto es todo un reto. Una sana competencia, pero consigo mismo… “Cada uno de nosotros podría definirlo de diferentes maneras, pero seguramente vamos a coincidir en que esto a veces resulta fácil y otras, no tanto. Sabemos que requiere su tiempo de prueba, de reflexión, de enojos, de risas…” -observa Susana.

En el Taller de Susana, saben que este largo proceso debe ser acompañado por una elaboración del cierre de la escuela primaria. “Este proceso se va construyendo en la relación con los otros y consigo mismo, creando fuertes vínculos interpersonales y con el lugar; haciendo de este espacio un lugar propio de aprendizaje y crecimiento…” -afirma Mariano Temelini, docente y coordinador del área de Lengua del Taller. De esta manera, la contención afectiva y el acompañamiento permanente que reciben los chicos, cumplen un papel preponderante tanto en su modalidad de trabajo como en su escala de prioridades.

La experiencia de los profes, la comunicación permanente con los padres y la contención afectiva, son los pilares sobre los que se apoya “El Taller de Susana”.
El lugar es muy cálido. Al llegar los chicos toman la merienda mientras miran sus dispositivos, recostados en los sillones. Cuando los profes los llaman para ir a las aulas, los celulares se guardan en el fondo de la mochila; pocos se quejan y patalean. Las aulas transgreden la estructura tradicional y un toque de arte les da el tono pintoresco que refleja la buena onda que está instalada por todos lados.

Llegan los exámenes, pero los chicos no están solos. Un micro los está esperando en la puerta del Taller para llegar cantando todos juntos al colegio. Una vez terminados los exámenes, los profes esperan en la puerta para realizar alguna de las actividades recreativas que el Taller de Susana ha organizado para ellos: torneos de bowling, campeonatos de fútbol, bailes, campamentos, pasar un día de sol en la pileta…

Además, la institución tiene un espacio para los chicos de sexto grado dado que la diferencia entre lo adquirido y las exigencias del curso de ingreso a estas escuelas es cada vez mayor. Para superar ese abismo, el proyecto de “sexto grado” propone comenzar a trabajar con los contenidos de Lengua y Matemática que se consideran imprescindibles para construir una base sólida. Los grupos son muy reducidos puesto que, al igual que los de séptimo grado, no superan los cinco chicos. Cuentan con un “Taller de Escritura” en donde aprenden recursos y estrategias para redactar mejor. En miras a la etapa de Historia y Geografía, los talleres de “Metodología de Estudio” logran que los chicos incorporen algunas técnicas para aprender a estudiar.

La propuesta es innovadora, tenaz y todo un desafío para quienes llevan adelante el Taller. Una serie de resultados envidiables demuestra que este proceso no sólo puede ser posible, sino también, exitoso y placentero. La premisa fundamental parece ser que “contención” y “exigencia” pueden ir de la mano. La vorágine de la ciudad que nos amenaza cotidianamente parece detenerse aquí. El lugar abraza a los chicos y les da cobijo en un siglo que no parece entender que todavía somos seres humanos y necesitamos del otro. Todo esto pasa en un pequeño refugio… Aquí, en nuestro querido barrio de Palermo…

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