Se vienen los exámenes

Llega fin de año y la pregunta parece inevitable: “¿cuántas te llevaste?”. Es fundamental construir un espacio de estudio que conjugue “contención” y “exigencia” de un modo satisfactorio.

La preparación intelectual acerca de los conocimientos que se deben incorporar “de golpe” es necesaria pero no suficiente. Generar un clima de estudio en el hogar y, al mismo tiempo, construir un espacio de distensión son indispensables para lograr buenos resultados. Sin embargo, ocurre muy a menudo que el espacio de estudio se constituye por fuera del ámbito familiar. En este sentido, muchos padres deciden enviar a sus hijos con profesores particulares que los ayuden en esta difícil tarea. Cuando se produce una fractura entre los lugares de estudio y los ámbitos de distensión, la impronta que debe envolver cualquier proceso de aprendizaje se ve considerablemente amenazada.
Un lugar cómodo y estimulante, pausas ordenadas, una buena organización del material de estudio y la presencia incondicional de los padres son los requisitos necesarios para construir un terreno fértil. Una abundante cosecha de conocimientos no es posible en tanto los chicos perciban a la acción de estudiar como un castigo por oposición al disfrute de otras actividades. Es muy frecuente que los chicos se sientan “prisioneros del estudio” cuando muchos de sus compañeros ya están gozando de las tan merecidas vacaciones. Por lo tanto, es recomendable evitar a toda costa esta sensación de suplicio que -lejos de fomentar el hábito de estudiar- genera rechazo hacia la incorporación de conocimientos.
Sin duda, el proceso de aprendizaje queda reducido a preparar los contenidos necesarios para aprobar las materias y pasar de año; sin embargo, se pueden construir lazos entre chicos, padres y profes que produzcan el ambiente propicio para desarrollar conocimiento. De esta manera, es necesario que se establezcan vínculos afectivos sólidos que sean capaces de contenerlos en el medio de una situación crítica.

Deja un comentario